Aromas irlandeses en el interior de El HierroLa meseta de Nisdafe es uno de los principales centros ganaderos del Archipiélago canarioSi el invierno ha sido generoso, al isleño le esperan meses de bienes y alegrías. El agua siempre fue el mejor de los regalos para el herreño. No quedan muy lejos aquellos tiempos en los que el Garoé proveía de l líquido de la vida a una población siempre sedient; por eso, un invierno lluvioso es siempre el mejor de los regalos. Si la naturaleza se ha portado bien durante esos meses de frío, Nisdafe volverá a convertirse en una gran alfombra de verde intenso donde los ganados de la isla podrán comer hasta saciarse esperando los soplos calientes del verano | | | Las murallas de piedra negra contrastan con el verde brillante de los pastos herreños. ARCHIVO |
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El verde intenso contrasta muy bien con el gris apagado del basalto isleño. Los prados se suceden en suave pendiente hacia los pueblos de El Pinar y Taibique y los muros de piedra seca dividen la llanura cubierta de pastos en inmensos corrales donde pacen los animales. Si el invierno es generoso en aguas, el esplendor de Nisdafe, la meseta que domina el interior de la Isla de El Hierro, se extenderá hasta bien entrado el verano. Son meses de abundancia, meses de provisión para una isla que siempre tuvo en el pastoreo su principal fuente de ingresos. Para el herreño, Nisdafe en todo su esplendor significa un año de abundancia, un año en el que, si no se tuerce por alguna otra cosa, no faltará de nada. Para el turista que se interna en el interior de la más pequeña de las Canarias, esta llanura esmeralda, lejos de cualquier promesa de bienestar económico, es un paisaje encantado que recuerda a esas interminables pliegues verdes de los campos irlandeses. Pero no. Estamos en Canarias, mucho más abajo de las costas de la verde Irlanda. Esto es El Hierro, una isla que te atrapa nada más llegar, una isla mágica que, en Nisdafe, se muestra en todo su esplendor en los meses de la Primavera.
La carretera asciende en suaves curvas desde Valverde. Una vez dejada atrás la zona donde antaño se erguía el Garoé mítico (ver reportaje) empieza la llanura encantada. Previamente, el paisaje se da el último capricho en el volcán de Ventejís, único referente vertical en muchos kilómetros a la redonda. Antes del impacto visual que nos espera conviene echar la vista atrás. Si tenemos suerte, las nieblas que suelen cubrir este sector oriental de la isla se habrán disipado y allá, a lo lejos, se levantará orgulloso el Teide, en Tenerife, y no será difícil ver los altos del Garajonay en La Gomera y la silueta graciosa de la Isla de La Palma. Ventejís es la puerta de entrada de Nisdafe desde la capital de la isla. El terreno se dulcifica a partir de aquí y la llanura, levemente inclinada hacia el Sur, se erige como protagonista absoluta de un horizonte en infinitos tonos verdes.
El efecto plástico de Nisdafe es indudable. Los campos verdes y los muros de piedra conforman un paisaje peculiar que, tal como señalábamos con anterioridad, es más propio del Norte de Europa que de latitudes más cercanas al trópico como las nuestras. Pero aún más importante que el paisaje es la vinculación del mismo con el herreño.
 | | | Nisdafe en todo su esplendor. ARCHIVO |
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Es esta parte de la isla la que muestra de manera más clara la vinculación del isleño con su tierra. Nisdafe es, ante todo, un modelo de paisaje humanizado. Cubierto antaño por el Monteverde (Laurisilva) y el pinar, el Nisdafe de hoy es un paisaje construido por el isleño en una lucha de siglos por ganarse el sustento. La deforestación de la llanura provocó la creación de un paisaje preparado para la explotación intensiva de una de las cabañas ganaderas más importantes de Canarias. Al contrario que en otras islas, la cabra no es la protagonista absoluta de la ganadería herreña. La vaca y, en mayor proporción, la oveja son las dos especies que reinan con autoridad.
Estas dos especies necesitan de pastos abundantes y de buena calidad. Por ello el herreño se encargó de transformar intensamente el paisaje de Nisdafe. Las parcelas o dominios, al igual que en el norte de España y Europa, se ha conformado en pequeñas parcelas encerradas en las que crecen gramíneas espontáneas durante los meses lluviosos (en Canarias desde finales de octubre a marzo). El ganadero también permite el desarrollo de plantas forrajeras que, aisladas del rebaño, se siegan a finales de la primavera para proveer de comida de calidad al ganado durante el verano. Aquí eso de los piensos industriales no se lleva; el herreños practicó siempre la agricultura y la ganadería ecológicas mucho antes de que el urbanita europeo pusiera de moda eso de comer bien y sano. El ganadero herreño sabe que ante la perspectiva de competir con las grandes explotaciones de otras islas, lo único que cabe es apostar de manera decidida por la calidad. Y el resultado de este empeño casi tozudo es una carne única y unos productos lácteos que gozan de buena fama en el resto del Archipiélago y que empiezan a exportarse fuera de las islas.
 | | | Casa tradicional en Nisdafe. ARCHIVO |
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Este modo de vida ha conformado un paisaje fuertemente antropizado (es decir, transformado por el hombre) pero de una gran belleza. Una intensa red de caminos, que discurren en todas las direcciones enclaustrados entre los muros de piedra y algunas muestras de arquitectura popular son el resto de los atractivos de una llanura única que va dejando paso a los cultivos de medianías según descendemos hacia el sur. Si lo que queremos es ir hacia el norte, el paisaje relativamente llano se interrumpe de improviso en el abismo que forma el valle de El Golfo. En este balcón que recorre los altos de la fachada norte de la isla, se puede disfrutar de magníficas panorámicas del Golfo y el pueblo de Frontera.
A finales de junio, cuando el calorcillo de esos veranos canarios suaves empieza a apretar, el verde se apaga y Nisdafe se viste de un amarillo pajizo a la espera de nuevas aguas que resuciten la lujuria vegetal. Entonces, para ver verde hay que tirar para abajo en busca de los pinos de la Hoya del Morcillo o hacia el Norte en busca de la Laurisilva que tapiza el escalón de mil metros que separa este altiplano mágico de las costas de La Frontera. Pero eso lo dejaremos para otra ocasión.
 | | | La llanura se ve interrumpida por volcancillos aislados que dan más encanto a la estampa. ARCHIVO |
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