Chorros de lava en el sur de la Isla de El HierroLos lajiales son el paisaje volcánico más espectacular del Archipiélago canarioChorreones petrificados con formas imposibles. Lagos de un líquido negro que cuando se toca es del sólido pétreo de los materiales arrojados desde el interior de la tierra hace miles de años. Gotas y burbujas que llevan más de 3.000 años desafiando al tiempo. En torno al pueblo marinero de La Restinga, el lajial se conforma como el paisaje volcánico más espectacular del Archipiélago canario. Lavas muy líquidas y pendientes suaves conformaron un escenario casi irreal donde todo parece que haya sucedido hace apenas unos minutos. Pero no, los milenios ya han pasado por encima de las piedras pulidas y negras del sur de El Hierro. | | | Campo de lavas de tipo pahoehoe en la zona de La Restinga. JOSE J. JIMÉNEZ |
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El Hierro puede presumir de presentar una configuración geológica peculiar y espectacular. La isla se levantó a partir de tres ciclos eruptivos con características muy especiales, algo que configura un paisaje variado con características heterogéneas que se concentran en comarcas geológicas bien diferenciadas. Primera mente se puede hablar de una ‘Serie Antigua’ muy similar a la del resto del Archipiélago canario. Está constituida por coladas tabulares superpuestas y sub horizontales, en capas de naturaleza basáltica y hasta 15 m de espesor y que se van alternando con materiales piroclásticos (lapillos y picones). Estas series de estratos horizontales se encuentran frecuentemente interrumpidas por elementos verticales de naturaleza basáltica que forman una tupida red de diques que quedan al descubierto en las zonas altas de El Golfo y Las Playas. Gran parte de estos materiales quedaron al descubierto hace unos 500.000 años, al desplomarse gran parte de la isla hacia el mar formando el espectacular paisaje de El Golfo y, en menor medida, Las Playas.  | | | Detalle de coladas en Los Lajiales. J.J.J. |
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Una segunda etapa eruptiva recibe el nombre de ‘Serie Intermedia’ que se caracteriza por la abundancia de piroclastos y algunas muestras de vulcanismo explosivo como la Caldera de Valverde o las hoyas de la Fierba o La Marta. Este tipo de construcciones volcánicas abundan en las partes centrales de la isla y han configurado un paisaje de llanuras salpicadas de conos volcánicas y pequeñas calderetas explosivas. Esta serie eruptiva cesó hace unos 6.000 años.
Para terminar hay que hablar de una ‘Serie Reciente’ con erupciones concentradas en el vértice Sur de la Isla y la hoya de El Verodal. Esta serie constructiva cuenta con materiales muy bien conservados y características completamente diferentes al del resto de la Isla. Las coladas formaron extensos malpaises con características muy diferentes al del resto del Archipiélago, ya que fluyeron las llamadas lavas de tipo aa, también conocidas como pahoehoe o cordadas. De este tipo es la única erupción histórica de la isla, que se produjo en la zona de El Verodal (el Lomo Negro) en 1793, aunque las zonas más representativas se agrupan en torno a la Punta de La Restinga y las laderas inmediatamente próximas al punto Sur de El Hierro.
Estos focos eruptivos escupieron coladas basálticas que escondieron los materiales anteriores, e incluso hicieron crecer la isla hacia el mar, conformando un extenso malpaís en el que coexisten lavas de tipo aa (rugosas) y pahoehoe o cordadas (lisas), con un claro predominio de estas últimas que caracterizan amplias superficies del sector más meridional de la isla. La gran fluidez de las masas lávicas y la suave pendiente por la que discurrieron, determinaron que los derrames se extendieran fácilmente y, enfriándose enseguida, originaran grandes planchas lisas, por lo que los nuevos aportes se les superponen constituyendo acumulaciones de finas coladas que es raro sobrepasen el metro. No obstante, El Lajial está lejos de presentar una homogeneidad morfológica. Al contrario, el enfriamiento diferenciado, la mayor viscosidad de las lavas al alejarse de los focos eruptivos y los pequeños desniveles que salvaron las coladas en su recorrido, determinaron que las superficies lávicas muestren una gran diversidad de formas.
 | | | Imagen de lavas cordadas. J.J.J. |
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En las suaves pendientes son frecuentes las típicas lavas cordadas, engendradas por el distinto enfriamiento que se produce en los derrames, de modo que al descender la temperatura desde el interior hacia el exterior se forma una película superficial que la colada arrastra hacia el suelo, por lo que la costra, plástica aún, va a formar pliegues que se retuercen hacia el frente de avance, debido al empuje de la colada.
Son frecuentes también los tubos volcánicos de diversas dimensiones, ya que van desde el tamaño métrico e incluso inferior, hasta los túneles de tamaños gigantescos, como es el caso de la cueva de Don Justo, gran caverna en la que existen al menos dos pisos con múltiples bifurcaciones a las que no se ha encontrado salida. Estos túneles de lava se forman gracias a la consolidación de la costra superficial de la colada que constituye una bóveda rígida que aísla térmicamente el interior, por donde la lava continúa fluyendo. Al cesar la alimentación, el flujo prosigue durante un cierto tiempo en el túnel, hasta que al fin éste se vacía dando lugar a un tubo volcánico, en cuyas paredes son constatables pequeñas formas de detalle, como son las reducidas repisas, reflejo de los diferentes niveles que alcanzó el fluido lávico. En ocasiones, el techo del túnel está desplomado, apreciándose pequeños juaclos (como se denominan popularmente en El Hierro) que permiten observar la estructura interna de la formación.
En otros casos, la superficie lávica se ve accidentada por protuberancias de diferentes tamaños, originadas por el levantamiento de la costra exterior solidificada, como consecuencia de la fuerte presión hidrostática interior, de tal forma que la lava fragmenta la capa superficial en placas de diversas dimensiones y origina esta especie de intumescencias o túmulos. Normalmente, la lava continúa fluyendo por las aberturas así generadas; extendiéndose en forma de pequeñas digitaciones, en las que se puede apreciar toda una caprichosa morfología en bolsones o tripas que se yuxtaponen.
 | | | Las zonas de lapilli (picón) han sido colonizadas por la vegetación. JOSE J. JIMÉNEZ |
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