Orchilla, una luz en el fin del mundoEl meridiano cero de los antiguos pasaba por la isla de El HierroEl faro de Orchilla es mucho más que un faro marítimo. Perdido en el extremo más occidental de la isla de El Hierro, este lugar fue, hasta finales del siglo XIX el punto donde se acababa y empezaba el mundo un particular finisterrae isleño que tuvo el honor de ser el final de la tierra conocida hasta el descubrimiento de América. Hoy, Orchilla es un mirador privilegiado sobre el mar donde se puede disfrutar de alguna de las vistas más espectaculares de la isla de El Hierro. | | | El Faro se encuentra en un lugar mágico. ARCHIVO |
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Hay muchos lugares en los que uno tiene la sensación de estar en el fin del mundo, pero sólo algunos países y regiones, entre ellas Canarias, pueden presumir de tener uno de esos ‘finisterrae’ con certificado de autenticidad. Uno de los numerosos atractivos de la Isla de El Hierro es poseer un fin del mundo particular, una porción de tierra que no ha mucho suponía el non plus ultra (no más allá) de los navegantes. El faro de Orchilla hoy es un modesto lucernario que da la bienvenida a los marineros que cruzan el Atlántico por estas latitudes, pero antes era algo más que eso. Este rincón solitario marcaba el punto donde empezaba y terminaba el mundo, un particular fin de la tierra que hasta hace 500 años era la frontera entre lo conocido y lo desconocido para los habitantes del Hemisferio occidental. Por este punto de la isla de El Hierro pasó durante muchos años el meridiano cero, una línea imaginaria que unía Orchilla con los dos polos marcando el punto cero de las medidas geográficas.
 | | | Más allá, la inmensidad del océano. ARCHIVO |
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Aunque el capricho de las potencias europeas desplazó esta línea imaginaria a la localidad británica de Greenwich, Orchilla sigue manteniendo un aura de fin del mundo que se traduce en horizontes limpios en los que sólo se adivina la anchura de un Atlántico despejado hasta tierras americanas muchas millas hacia poniente. Hoy, el faro de Orchilla es una modesta construcción de poco más de 26 metros de altura que marca la punta más occidental del territorio español. La actual torre, de planta octogonal fue construida en 1933 con cantería negra de Arucas, traída en velero desde la Isla de Gran Canaria, es de gran sencillez constructiva y su aspecto recuerda al de otros muchos faros construidos en las costas españolas durante la primera mitad del siglo XX. Adosado al cuerpo principal se encuentra una torre de 21 metros de altura coronada con una linterna de otros cinco metros lo que eleva, junto al terreno, a 132 metros sobre el nivel del mar. El conjunto se completa con una sencilla casa de una planta que sirvió para dar cobijo a los fareros y a sus familias.
No hace mucho que del mantenimiento de la linterna y de garantizar su perfecto funcionamiento se encargaba un farero que vivía en el edificio junto a su familia. La tecnología se ha encargado de acabar con esta profesión de siglos y ahora, una célula fotovoltaica se encarga de encender el faro unos 15 minutos después de la puesta del sol y de apagarlo otro cuarto de hora tras el amanecer. Gracias a esta linterna, cuyo destello puede advertirse desde 35 millas náuticas de distancia, los barcos que hacen la ruta de las Américas por aguas canarias saben que les espera la hospitalidad del puerto de destino o la soledad de un mar que, hasta hace 500 años, era el comienzo del final del mundo.
En el siglo II de nuestra era, el geógrafo Ptolomeo se aventuró a colocar en la costa oeste de la isla de El Hierro el fin del mundo. Esta decisión, marcó la historia posterior de la isla. Con el siglo XIV llegó la expansión de la navegación y aquella cita del geógrafo egipcio convirtió a El Hierro en el principio y fin del orbe alojando en su extremo oeste el meridiano cero. Este honor se conservó hasta finales del siglo XIX. En 1884, una conferencia internacional celebrada en Whasington desplazó el meridiano cero al barrio londinense de Greenwich.