Canary information Informationen von kanaren Buscar en visitacanarias.com Haz ésta tu página de inicio
Sol todo el año
Una naturaleza generosa
Vacaciones con salud
Un legado de siglos
Deportes
Sabor a mar
 
Blog visitacanarias
¿Participarías de un Blog en visitacanarias.com?
boton para validar su respuesta
(ver resultados)
 La Palma  El Hierro  La Gomera  Tenerife | Gran Canaria  Fuerteventura  Lanzarote 
El Filósofo y la Isla: Notas sobre el destierro de Miguel de Unamuno en Fuerteventura
El inigualable filósofo español dejó una huella imborrable tras su estancia forzosa en la capital majorera
Debería ser una relación como ésta amarga, sin atisbo alguno de alegría o sosiego. Pero el destierro de Miguel de Unamuno en Fuerteventura entre febrero y julio de 1924 también sirvió para que uno de los grandes genios del siglo XX entablara una relación entrañable con la isla y las gentes que le vieron pasar el mal trago del confinamiento. Condenado por la dictadura de Primo de Rivera por insultos al Gobierno y al Rey lanzados desde su cátedra de la Universidad de Salamanca, Unamuno vivió un forzoso idilio con la isla que, con su sobria belleza y la calidad humana de sus gentes, supo ganarse un hueco en el corazón del más grande filósofo español del siglo XX.
Unamuno en su estudio de la Universidad de Salamanca. ARCHIVO
¡Oh, Fuerteventura isla africana,

sufrida y descarnada cual camello,

en tu mar compasiva vi el destello

del sino de mi patria! Mar que sana

 

con su grave sonrisa más que humana

y cambia en suave gracia el atropello

con que un déspota vil ha puesto el sello

de la loca barbarie en que se ufana.

 

Roca sedienta al sol, Fuerteventura,

tesoro de salud y de nobleza

Dios te guarde por siempre de la hartura,

 

pues del limpio caudal de tu pobreza

para su España celestial y pura

te ha de sacar mi espíritu riqueza. 

 

Estos son los primeros versos en los que Miguel de Unamuno habla de Fuerteventura en su libro De Fuerteventura a París, una crónica en verso de su destierro en tierras majoreras. Son palabras amargas aunque llenas de esperanza, líneas escritas por un hombre forzado a trasladarse hasta tierras lejanas. Unamuno es uno de los grandes filósofos europeos del siglo XX. Un vasco que se sintió siempre profundamente español y que dedicó gran parte de su obra a soñar una España mejor en tiempos difíciles para nuestro país. Y por eso cayó en desgracia.

Casa Museo Unamuno de Puerto del Rosario. ARCHIVO

 

En febrero de 1924, Unamuno es desterrado por decreto del general Primo de Rivera por sus continuas críticas al rey Alfonso XIII y al propio Gobierno presidido por el militar. Cuatro años antes, unos graves insultos a la labor del monarca le habían costado una condena de 16 años de cárcel que no fueron cumplidos para evitar disturbios entre los estudiantes de la Universidad de Salamanca, institución docente en la que el filosofo impartía su magisterio. Unamuno no se amilanó ante la dureza de la sentencia y continuó criticando con asiduidad al régimen que acabaría por desterrarlo a Fuerteventura, lugar habitual de confinamiento de disidentes políticos y librepensadores en una época donde hablar de libertad o democracia era peligroso en España.

 

Lejos de sumirse en la depresión del confinamiento, Unamuno aprovechó su estancia para conocer a fondo la isla e, incluso, tuvo la oportunidad de visitar la vecina isla de Gran Canaria, donde quedó prendado del paisaje del interior de la isla, a la que definió como una “tempestad petrificada”. Ya en Fuerteventura, el catedrático se instaló en el Hotel Fuerteventura, en Puerto del Rosario, y dedicó los meses de confinamiento a conocer a la isla y a los isleños. “Bendita Fuerteventura” diría Unamuno en su libro ‘De Fuerteventura a París”. Gustaba el filósofo de dar largos paseos por los campos y habló con especial cariño de sus “higueras evangélicas, palestinas, que sacan el jugo de la escueta roca”, con admiración de sus gentes y con veneración del mar de la isla.

 

“El Páramo es como la mar. ¡La mar! Allá en Fuerteventura, en mi entrañada Fuerteventura –pedazo de mi alma eterna- bañaba  todos los días mi vista en la visión eterna de la mar que vio nacer y verá morir la historia, de la mar que guarda la misma sonrisa con que acogió el alba del linaje humano, la misma sonrisa con que contemplará su ocaso”.

Retrato de Miguel de Unamuno. ARCHIVO

 

En julio de 1924, el Gobierno de Primo de Rivera indulta al filósofo y le permite abandonar su confinamiento en tierras de la Maxorata. Pero Don Miguel tiene otros planes. El catedrático decide, como gesto de dignidad y protesta, exiliarse voluntariamente a Francia, país que lo acoge con los brazos abiertos hasta que en 1930, la dictadura cae y vuelve a instalarse el dudoso sistema liberal propio de la restauración. Sería un gobierno débil e interino que terminaría por caer el 14 de abril de 1931, fecha en la que se proclama la Segunda República Española. Pero antes, justo tras la salida del poder de Primo de Rivera, Unamuno volvería a España como el héroe que siempre fue. En las últimas páginas de su De Fuerteventura a París, las palabras que dedica a la isla son ya versos de cariño:

 

Te alzas enjuta sobre el cielo pardo

cielo que envuelve mi respiro enfermo

-en él contigo cada noche duermo-,

duermo y tu piedra en mis entrañas guardo.

 

Te alzas enjuta como flor de cardo,

flor que es un hito en el confín del yermo,

día tras día de esperanzas mermo,

se hace mi paso cada vez más tardo.

 

Eres mi luna ya, Fuerteventura,

gigante espejo del gigante ocaso

del sol de España en su postrer postura;

 

llega la noche y de su negro vaso

vierte la mano del Señor segura

sobre ti, España, el agua del Acaso.

Mirador de Unamuno en Gran Canaria. ARCHIVO

 

El idilio de amor ya se había hecho realidad. En una entrevista concedida en la localidad francesa de Hendaya en 1930, a poco de ver consumado su regreso a España diría: “Conmigo se han portado muy bien en todas partes. A Fuerteventura y a las buenas gentes de Fuerteventura nunca las olvidaré. Lo primero que haré al pisar la tierra de nuestra patria será enviar un telegrama a aquella querida isla”. Es lo que tiene Fuerteventura. Quizás la primera impresión engañe, pero cuando uno se atreve a conocer la Isla como merece y a los isleños como se debe, Fuerteventura atrapa. Y ya no puedes olvidarla. Hoy, Fuerteventura recuerda a su ilustre visitante con un museo en Puerto del Rosario y un monumento erigido en el interior de la isla.

 

Para saber más:

Miguel de Unamuno: ‘De Fuerteventura a París’

 

Casa Museo Unamuno

C/ Virgen del Rosario, 11.

Puerto del Rosario. Fuerteventura.

Tel.: 928 862 376.

Fax: 928 532 299.

E-mail:  cultura@cabildofuer.es

Web: http://www.acamfe.org/acamfe/autor/unamuno_f.htm

Horario: Lunes a viernes de 9 a 13 h. y de 17 a 19 h. Sábados de 10 a 13 h. Domingos y festivos cerrado.
Enviar
Imprimir Opine Volver
 
Agenda
Canarias en imágenes
Foro
Efemérides
 
 
  Contáctenos - Publicidad - ¿Quienes somos? - ¿Qué es Visita Canarias? Edita: DestinoDigital, S.L. Islas Canarias  Desarrollado por ARI