Una última oportunidad para el GuirreLa gran rapaz canaria lucha por su supervivencia en su reducto majoreroDespués de su desaparición de las islas de Gran Canaria y Tenerife, el guirre se ha refugiado en la isla de Fuerteventura y a punto está de decirle adiós a Lanzarote. El alimoche canario, un ave mítica para los aborígenes de las islas, vive arrinconado por el desarrollo urbano y el abandono de las actividades ganaderas. Aunque la situación es complicada, aún hay esperanzas para que esta gran ave carroñera vuelva a reinar sobre los las nubes de todo el Archipiélago. | | | Pareja de guirres en el Centro de Recuperación de La Oliva. ARCHIVO |
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El guirre (Neophron percnopterus) es un emblema natural para los canarios. El alimoche canario, algo más pequeño que sus parientes europeos, es el único ave necrófaga (carroñera) del Archipiélago, un buitre de pequeño tamaño que tenía carácter casi divino para los aborígenes de algunas islas. Aunque antaño se distribuía ampliamente por todas las islas, la presión humana sobre el territorio y, sobre todo, la disminución de la cabaña ganadera ha restringido su población a las islas de Lanzarote y Fuerteventura, aunque algunos ornitólogos aseguran que aún quedan algunos ejemplares en Tenerife. La presencia del guirre en la primera es casi testimonial, concentrándose la población de estas magníficas aves en tierras majoreras, donde anidan unas 25 parejas (un 90% de la población canaria).
Esta especie es muy fácil de identificar: Es un ave carroñera de gran tamaño (es la más grande de las que habita en Canarias) que puede alcanzar una envergadura (distancia entre los extremos de las alas) de hasta 165 centímetros. Presenta un color blanquecino que se distribuye por todo el cuerpo excepto la cabeza y la garganta, que están desprovistas de plumas y tienen un color amarillento y apariencia escamosa. Nidifica en paredes, cuevas y cornisas a partir de marzo. Pone dos huevos que eclosionan a los 42 días. Por lo general, sólo sobrevive uno de los polluelos, circunstancia que dificulta aún más su conservación.
 | | | Ejemplar en libertad. ARCHIVO |
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Esta joya ornitológica se alimenta principalmente de carroña, limpiando los campos de restos de animales. También es un hábil cazador de reptiles e insectos de gran tamaño, aunque la gran parte de su dieta está compuesta de animales muertos. La estabulación del ganado a partir de la segunda mitad del siglo XX ha sido, pues, un obstáculo casi insalvable para una especie que también ha sufrido la destrucción de su hábitat y la persecución de cazadores furtivos y desaprensivos.
Pero pese a que las cifras hablan de un descenso progresivo del número de ejemplares en todo el Archipiélago, aún hay esperanzas para decir que el guirre tiene futuro. El Gobierno de Canarias y el cabildo de Fuerteventura iniciaron en 1998 un programa de conservación y recuperación de la especie que cuenta con el apoyo científico de la prestigiosa Estación Biológica de Doñana. Después de más de siete años de trabajos, ya se avistan los primeros resultados.
Según Antonio Gallardo, gerente del área de Medio Ambiente del Cabildo de Fuerteventura, los primeros esfuerzos del Proyecto Life para la defensa de esta especie se centraron en conocer a fondo al guirre. “Antes se creía que el guirre y el alimoche europeo eran una misma cosa y se planteó la posibilidad de importar ejemplares desde la Península”. La realidad, destaca Gallardo, es bien distinta y el guirre canario es una subespecie por lo que el cruce con ejemplares foráneos son inútiles.
Una vez determinada la exclusividad del guirre canario se han iniciado programas de actuación tendentes a reducir la alta mortalidad que sufre la especie. “Se ha detectado que muchos mueren por choques con líneas de alta tensión y electrocutados cuando descansan en torres eléctricas”, asegura Gallardo. Para evitarlo se han habilitado líneas de alta tensión con señales visuales identificables por las aves y torteas con materiales aislantes. También se han habilitado comederos para evitar que los guirres hagan grandes viajes para conseguir comida. Los resultados, dice Gallardo, se podrán evaluar en unos años. “por lo pronto, se ha reducido drásticamente la mortandad”, destaca el gerente majorero. Hay esperanzas.