Ecos de agua en el corazón de FuerteventuraEl palmeral de la Vega del Río Palmas nos habla de tiempos en los que el verde cubría los valles de la islaLa imagen de la isla de Fuerteventura ha cambiado en los últimos cinco siglos. Cuando los conquistadores normandos llegaron en 1402 se encontraron un territorio que, aunque sufría los rigores de un clima poco generoso en agua, atesoraba bosquecillos de palmeras que animaban el fondo de los barrancos. La Vega del Río Palmas era el único cauce de agua permanente de la Maxorata (nombre aborigen de la isla) y pese a que hoy sólo corre después de los escasos días de lluvia que mojan la tierra reseca majorera, los palmerales que sobreviven en sus márgenes nos hablan de un pasado en el que Fuerteventura contaba con bosques. | | | El embalse de Las Peñitas interrumpe el flujo del agua que antaño corría hasta el mar. ARCHIVO |
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“Y llegaron a la isla de Erbania, a los pocos días se fue Godifer con los compañeros de la barcaza en número de treinta y cinco hombres, para ir al arroyo de Palmas […]. Allí se vieron obligados a descalzarse para pasar sobre las piedras de mármol tan lisas y tan resbaladizas, que solo puede uno mantenerse a cuatro patas, y, aun así, era preciso que los de atrás sustentasen los pies de los de adelante con el extremo de sus lanzas, y después los primeros arrastraban a estos últimos. Y cuando se ha pasado al otro lado, se encuentra un valle hermoso y llano y muy agradable en que habrá unas 900 palmas que dan sombra al valle, con arroyos de agua que corren por el medio, y las palmas están por grupos de 100 a 120, y son tan altas como mástiles de más de 20 brazas de altura, tan verdes, tan enramadas y tan cargadas de dátiles que da gusto mirarlas”. De esta manera describieron los conquistadores normandos de los albores del siglo XV su primera incursión por la isla de Fuerteventura.  | | | Cauce del barranco. ARCHIVO |
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La imagen de la isla majorera como un erial desolado de campos secos y montañas quemadas por el sol quiebran en la Vega del Río Palmas. Para ser sinceros, la imagen idílica que describieron los conquistadores hace tiempo que pasó a la historia. Este espacio singular ha sufrido los embates lógicos de la ocupación humana del territorio, y aunque muchas de esas palmas han pasado a mejor vida, en este lugar se concentra el mayor palmeral de la isla y, por así decirlo, el único bosquecillo natural de Fuerteventura, aunque se ha creado un pinar que lucha por sobreponerse a las difíciles condiciones ambientales locales en los cerros más altos de la Maxorata.
Fuerteventura alcanza su máxima cota en el Pico de Cofete, que en la Península de Jandía se eleva 807 metros sobre el nivel del mar. Con esta altura, Fuerteventura se queda a las puertas de aprovechar las aportaciones de humedad del alisio. Pero con esta altitud es imposible la formación de un mar de nubes lo suficientemente importante como para garantizar que las laderas de Jandía puedan beneficiarse de la lluvia horizontal. Se puede decir que la isla mira hacia arriba como la humedad que tapiza de verde la vertiente norte de sus vecinas más montañosas pasa de largo. Esto ha configurado un paisaje dominado por vegetación halófila, capaz de soportar altas temperaturas, pocas aportaciones de agua y altas dosis de insolación. Entre estas comunidades se encuentra la Palmera Canarias (Phoenix canariensis) que formó extensos palmerales en el pasado concentrados en Ají y la propia Vega del Río Palmas, un lugar donde el agua almacenada por la isla afloraba al exterior formando un riachuelo. Hoy, este cauce se encuentra seco durante la mayor parte del año y sólo corre con lluvias copiosas. En todo caso, las palmeras que atestiguan el pasado glorioso del único río de la antigua Fuerteventura siguen altivas recordando que cuando llegaron los primeros europeos, más de 1.000 palmas poblaban las márgenes del barranco. Hoy, los alrededores verdes de la presa de Las Peñitas, nos recuerdan el aspecto que debió tener este lugar cuando el agua corría libremente hacia el mar.
 | | | Palmeras en el antiguo cauce. ARCHIVO |
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La presencia humana se concentra hoy día en el caserío de Río Palmas, localidad agrícola que cuenta con el honor de albergar la imagen de Nuestra Señora de la Peña, patrona de Fuerteventura.
La imagen se acoge en una sencilla ermita del siglo XVII construida en cantería, elemento noble poco frecuente en las iglesias de la isla y que demuestra la importancia cultual del edificio. Cabe destacar el arco de medio punto flanqueado por sendos plintos decorados con casetones, capiteles compuestos acogen a un frontón con el tímpano vacío. La imagen de la Virgen, de pequeñas dimensiones, está sentada y en sus rodillas sostiene al niño. Esculpida en alabastro, por sus características se enmarca dentro del estilo gótico francés del siglo XV. La talla está situada dentro de una hornacina enmarcada por un sol de plata y media luna dorada, la figura tiene los ojos cerrados y presenta roturas en la cabeza y el brazo, según cuenta la leyenda la Virgen cerró los ojos para no ver como una musulmana loca mutilaba a su hijo.
Palabras clave: Fuerteventura, Gadafier de la Salle, Río, Palmera Canaria, Barranco, Las Peñitas, Virgen, Gótico, Ermita, Nuestra Señora de La Peña, Gabias.