Una vida aferrada al riscoEl Parque Natural de Tamadaba atesora uno de los ecosistemas de pinar mejor conservados de Gran CanariaDesde el mar aún son visibles las huellas del cataclismo. La piedra sale del mar y avanza en vertical muy arriba, hasta casi el cielo. La roca desnuda se fuga hacia las alturas sumida en un estado de desnudez que sólo se rompe cuando la componente horizontal empieza a imponerse al dominio absoluto del abismo. Allá arriba, el pinar se ha adueñado del paisaje y el verde sustituye al gris característico del basalto canario. Tamadaba, más que un parque natural, parece un ático frondoso que se muestra exuberante desde su atalaya de piedra | | | Tras las copas de los pinos se asoma El Teide. JOSE JIMENEZ |
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Sólo por su valor geológico, este trozo del sector occidental de Gran Canaria es ya un tesoro. Fruto de un colosal cataclismo, los riscos de Tamadaba se formaron cuando parte de la antigua isla se precipitó al mar formando esa curiosa cicatriz semicircular que interrumpe el lógico desarrollo de un hipotético mapa coherente de la isla. Estamos en esa especie de mordisco que marca la transición entre el norte y el oeste de Gran Canaria, un espacio dominado por el vértigo que culmina en uno de los parques naturales más interesantes de la geografía canaria.
 | | | Risco Faneque. ARCHIVO |
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Aunque existe la creencia popular que en Tamadaba se encuentra uno de los últimos pinares viejos de la isla, lo cierto es que este espacio natural se ha visto profundamente alterado a lo largo de los siglos. La explotación maderera de los pinares canarios inició el proceso que, en la segunda mitad del siglo XX se vio agravada por la paulatina acción destructora de los incendios forestales. Aún así, los trabajos de reforestación y la gran capacidad de regeneración natural de este tipo de ecosistemas ha posibilitado que Tamadaba sea uno de los espacios naturales de Gran Canaria con mejor índice de salud. Un reciente informe efectuado por la consejería de Ordenación Territorial asegura que el pinar presenta los índices de árboles por hectárea más altos de la isla y que especies botánicas propias de lugar empiezan a ganar terreno.
Una de las particularidades de Tamadaba con respecto a otros pinares de su contexto geográfico es el aporte de humedad que soporta. Situado a escasos kilómetros del mar, aunque a cotas que llegan a los 1.400 metros sobre el nivel del mar, este macizo imponente recibe sin obstáculo alguno toda la humedad que cargan los vientos alíseos. Se trata, pues, de un pinar húmedo, un espacio de transición entre el Monteverde y el pinar seco propio de las cumbres de las islas. En los últimos tiempos, se ha procedido a realizar repoblaciones de especies propias de la Laurisilva (desgraciadamente casi desaparecida en Gran Canaria) para revitalizar el estado original de un ecosistema donde el pino convive con el laurel y los líquenes cuelgan fantasmagóricos de las ramas de los pinos.
 | | | Presa de los Pérez. ARCHIVO |
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Esta situación límite entre dos mundos casi opuestos, es provocada por el risco. Lo vertical es protagonista en Tamadaba. Al Oeste, es el roque de Faneque el que recuerda que estamos muy arriba y al Este, el camino de San Pedro baja vertiginoso hacia el Valle de Agaete ofreciendo vistas imponentes sobre el risco. A lo largo de todo el parque natural hay miradores acondicionados o simples salidas al risco que permiten contemplar desde lo alto gran parte de la costa norte de la isla. El mar, allá abajo, a veces se muestra calmo y otras brama subiendo hasta las alturas en forma de murmullo. En los días claros, las vistas sobre la isla de Tenerife son espectaculares y quien vea atardecer el Tamadaba con el sol escondiéndose tras el Teide podrá presumir de haber sido testigo de uno de los espectáculos naturales más impresionantes del mundo. Una zona de acampada gestionada por el Cabildo de Gran Canaria permite pasar la noche y disfrutar de cielos limpios y panorámicas nocturnas de la costa Este de Tenerife donde destacan las concentraciones urbanas de Santa Cruz de Tenerife y La Laguna.
Otra de las atracciones indiscutibles del pinar es su importancia como ecosistema. Aunque sólo se les puede oír a primeras horas de la mañana o a últimas de la tarde, los pico picapinos son uno de los vecinos ilustres del parque. Sus golpes secos contra la madera son la banda sonora de las mañanas. “Tatatatatatatata-ratatatatatatata” Si uno se mueve despacio y permanece en silencio, no es difícil ver a estos pequeños pájaros carpinteros de color rojo, negro y blanco, buscar alimento arrancando de cuajo las cortezas de los pinos. Por el lugar también pasan otros habitantes del risco como los cuervos, las águilas ratoneras, los gavilanes o los cernícalos. Entre esta nómina de residentes también destaca un pequeño pajarillo azul que ha encontrado en Tamadaba uno de sus últimos reductos. Hablamos del pinzón azul de Gran Canaria. Aislados de la población principal que se concentra al sur de la isla, unas pocas decenas de ejemplares del ave más amenazada de Canarias aún vuela entre los pinos de Tamadaba. De ahí la importancia de mantener este reducto natural. Es importante que los naturales de la isla y los que la visitan tomen conciencia de la necesidad de mantener limpio este lugar. Para los grancanarios es de vital importancia mantener en buen estado su patrimonio natural y para los que visitan la isla es una obligación moral respetar los paisajes que pertenecen a otros.
 | | | Palmeral en El Risco. ARCHIVO |
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Ecos ancestrales
Pero Tamadaba también ocupa un lugar significado para el imaginario colectivo de los canarios. Cada cuatro de agosto, la villa marinera de Agaete celebra la fiesta de la Rama, en la que se rememora un culto ancestral en el que el pinar juega un papel fundamental (ver artículo). Hasta aquí arriba suben los romeros en busca de las ramas que, luego, se estrellarán en el mar en demanda de lluvia cumpliendo así con el ritual repetido desde hace siglos bajo la advocación de viejos dioses ya olvidados primero, e implorando a la virgen católica de Las Nieves ahora. Por el camino que sube al pinar, a medio camino entre el mar y el cielo, un interesante poblado de cuevas excavadas llamado Birbique, nos recuerda a los antiguos pobladores de la isla. Estancias finamente labradas con restos de pinturas rupestres, escaleras, corredores y andenes sobre el abismo nos abren la ventana a un tiempo en el que los canarios de hace siglos ya disfrutaban de las maravillas de Tamadaba. | | | Vista del interior de la Isla desde Tamadaba. JOSE JIMENEZ |
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