Estampas norteafricanas en los campos de LanzaroteEl camello lanzaroteño ha pasado de ser una herramienta imprescindible de la agricultura isleña a un icono turístico de primer ordenEl camello ha sido parte fundamental de la historia de la isla de Lanzarote. Desde que llegaron a Canarias en los primeros momentos de la colonización europea, el camello (dromedarios en realidad) se ha convertido en un habitual del paisaje de una isla con condiciones climáticas muy duras. Hasta hace poco, el camello era utilizado para tirar de los arados, para cargar todo lo imaginable o para abonar los campos. Ahora, este animal incrustado en la cultura de la isla, es también un icono turístico que se pone de manifiesto de diversas maneras. | | | El camello se ha convertido en uno de los iconos inconfundibles de Lanzarote. ARCHIVO |
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La llegada de los primeros camellos a Canarias se produjo poco después de culminada la conquista de las islas en el epílogo del siglo XV. En los primeros años de colonización europea, el modelo económico canario se encaminó hacia la producción intensiva agrícola destinada a la exportación, una actividad que demandaba grandes cantidades de mano de obra inexistente en las islas. Las guerras de conquista, especialmente cruentas en Tenerife y Gran Canaria, diezmaron de manera considerable la población aborigen de las islas, una contingencia que obligó a los nuevos propietarios de las tierras a optar por métodos de reclutamiento de trabajadores poco éticos. Desde el siglo XV, los señores feudales de Lanzarote y Fuerteventura se acostumbraron a entrar en las vecinas costas de Berbería para capturar mano de obra esclava. Las expediciones entraban en lo que es hoy Marruecos. Un ejemplo es la “cabalgada” de Diego García de Herrera, una expedición que “hizo algunas presas de gentes y ganados”. Presumiblemente, fue durante estas cabalgadas esclavistas cuando se capturaron los primeros camellos que llegaron a Canarias.  | | | Camellos en Timanfaya. ARCHIVO |
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Con la sujeción de las islas de Realengo (controladas directamente por la corona), esto es, Gran Canaria, Tenerife y La Palma, se intensificó la producción agrícola de exportación, especialmente caña de azúcar y vino. Las incursiones en África se hicieron más frecuentes y el fruto se tradujo en la importación de mano de obra esclava y una cantidad importante de camellos que se adaptaron rápidamente al campo isleño. El gran costo económico que suponía una yunta de bueyes, fue el detonante para que los camélidos, inicialmente numerosos en Fuerteventura y Lanzarote, se distribuyeran de manera generosa por otras islas.
Los camellos isleños, incluso, se exportaron a América o Australia. Von Humboldt asegura que los camellos que trabajaban en el siglo XIX en las abrasadoras llanuras costeras de Perú llegaron al nuevo mundo desde Canarias y el gobernador británico Gawler recomendó el uso de camellos canarios para la exploración de los desiertos australianos. La recomendación del gobernador fue tomada en consideración y en dos meses media docena de animales fueron embarcados en la isla de Tenerife en un buque de vapor de la línea Appoline. Sólo uno sobrevivió al viaje, llegando al puerto de Adelaida el 12 de Octubre de 1840. Años más tarde, en 1846, los hermanos Phillips que emigraron de Inglaterra a Australia importaron nueve camellos desde las islas Canarias. Los animales fueron adquiridos, después, por John Horrocks que fue el primero en utilizarlos para explorar la zona norte de Australia del sur.
 | | | Turistas a camello. ARCHIVO |
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En Lanzarote, los camellos son una parte inherente del paisaje agrícola. El ambiente árido de la isla impide que los animales de tracción y carga tradicionales sean inútiles o demasiado costosos para resultar rentables. El camello ha llenado sin problemas este hueco y se ha convertido en una herramienta fundamental para la domesticación del difícil campo lanzaroteño. Fruto de esta utilidad, el conejero (gentilicio popular de los habitantes de Lanzarote) ha confiado gran parte del trabajo duro del campo isleño a este animal caracterizado por su gran resistencia física. Ahora, después de haber prestado siglos de servicios arrastrando el arado o transportando arenas y aperos, también se han convertido en uno de los iconos turísticos de la isla.
Nadie puede irse de Lanzarote sin darse el gusto de pasear por las arenas negras del Parque Nacional de Timanfaya a lomos de uno de estos animales impresionantes. Las caravanas de camellos salen desde las faldas de las Montañas del Fuego y, durante algunos minutos, permiten conocer las interioridades del Parque Nacional desde una perspectiva diferente. Pero también es un objeto de consumo. No faltan las camisetas, los peluches o esculturas turísticas con el camello como protagonista absoluto. Este animal se ha ganado un puesto de honor en la cultura lanzaroteña.
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