La historia del Lagarto gigante de La Gomera es la historia de una pérdida y un feliz reencuentro. Los estudiosos de la biología insular habían constatado, gracias a la presencia abundante de restos fósiles, la antigua existencia de un saurio de gran tamaño en casi todos los nichos ecológicos de la isla. Pero ya no se tenían noticias del lagarto Gigante de La Gomera, una especie que parecía engordar la lista de joyas naturales desaparecidas por la desaprensión de los animales de dos patas que suelen acabar con los de cuatro. Todo cambió cuando biólogos de la Universidad de La Laguna dieron con Manuel Gámez, un vecino de Valle Gran Rey, que les habló de lagartos de grandes dimensiones en la zona de La Mérica, en una zona abrupta conocida con el oportuno topónimo de Quiebracanillas. Y allí estaban. Allí se habían refugiado y resistían a la extinción a duras penas. Hoy, el futuro es esperanzador.
 | | | Huevos de lagarto eclosionando. ARCHIVO |
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Una de las escasas citas bibliográficas que hablan de la existencia de la especie se debe al naturalista alemán Karl Von Fritsch, que en 1870, menciona la presencia en La Gomera de “lagartos mayores y más anchos que las lagartijas, más lentos en sus movimientos, de hábitos menos sociables y caracterizados por presentar un color más azulado”. Además, en su expedición a las islas, en 1863, recolectó una mandíbula muy grande en Agulo que fue posteriormente estudiada por Böettger, en 1873.
En el pasado siglo, algunos autores, como Lehrs, en 1909, o más recientemente, Hutterer, citan la presencia de restos óseos de lagartos de gran talla en La Gomera. Este último autor realizó, en 1985, un minucioso estudio de dichos restos procedentes de cuatro yacimientos paleontológicos y uno aborigen. Hutterer llegó a la conclusión de que en esta isla vivían dos especies de lagartos gigantes que, además, convivieron con los lagartos actuales, de menor talla (Gallotia caesaris), probablemente a finales del periodo glacial (Pleistoceno Superior). Pero hasta su redescubrimiento, el lagarto Gigante de La Gomera no era más que un vestigio; un fósil; una huella; un resto
Estos dos taxones, supuestamente desaparecidos, fueron denominados como Gallotia goliath bravoana, con una longitud hocico-cloaca estimada en 38 cm, y Gallotia simonyi gomerana, de 21 cm. Este último llegó a coexistir con el lagarto gomero actual en tiempos históricos (siglo XV), como se deduce de las dataciones realizadas sobre materiales arqueológicos. A este respecto, dicho autor albergaba la esperanza de que Gallotia simonyi gomerana todavía siguiese viviendo en lugares inaccesibles en La Gomera, añadiendo además que esta esperanza disminuye a medida que se incrementa el desarrollo turístico y la construcción de carreteras.
Ahora sabemos que el gallotia simony gomerana, nombre científico de la especie, es un saurio que puede alcanzar los 60 centímetros de longitud y que se relaciona directamente con sus parientes de Tenerife o Gran Canaria.
 | | | Ejemplar adulto. ARCHIVO |
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La primera fase de este plan de recuperación que tiene detrás al Cabildo Insular de La Gomera fue elaborar un plan de choque para la cría en cautividad del lagarto Gigante de La Gomera para su paulatina reintroducción en otros ecosistemas de la isa. Para ello se construye un primer lagartario en el pequeño caserío de Antoncojo que resulta ineficaz debido a las escasas horas de insolación del lugar. Por ello, se construye un segundo lagartario a escasos metros de la vertical pared del risco de La Mérica, donde está situada la única población natural conocida de la especie. Nada mejor que el último hogar del lagarto gomero para su total recuperación. Las cifras actuales dan pie al optimismo. Cuando se empezó con la cría en cautividad, allá por el año 2001, se contaba con tres ejemplares. En la actualidad, el lagartario tiene ya un tesoro biológico de 61 lagartos, la base sobre la que se cimentará el futuro de la especie.
El programa Life de la Unión Europea ha reconocido la validez y necesidad del plan de recuperación del lagarto gomero y ha apostado fuerte por él aportando 900.000 euros para una primera fase de implantación que debe devolver al lagarto a los campos gomeros. La primera fase de este plan es lograr puestas viables de entre 75 y 100 individuos por año. El objetivo final es que en unos años haya un centenar de animales totalmente preparados para su suelta en lugares controlados.
Por ello, el plan de cría en cautividad se complementa con la adecuación de las futuras zonas de reintroducción eliminando as amenazas no naturales tales como el merodeo de depredadores introducidos en la isla por el hombre (principalmente gatos y ratas). Por lo pronto e han elegido nichos idóneos en la zona próxima a Los Órganos, en la costa de san Sebastián, los Acantilados de Alajeró o el barranco de Argaga, entre otros. Ya está, pues, todo listo. Ahora sólo hace falta que los inquilinos de estos riscos gomeros nazcan, crezcan fuertes y aprendan a vivir solos. El futuro es alentador, aún más si tenemos en cuenta que hace apenas 10 años, se trataba de una especie considerada extinta. No hay que echar las campanas al vuelo, pero hay que estar satisfechos por el trabajo realizado y por el futro que aguarda al saurio gomero. Otra vez, tiene toda la vida por delante.
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