Las piedras que conversan con el más alláLa cueva de Belmaco fue la primera estación de grabados rupestres descubierta en CanariaCuando en 1752 Domingo Vandewalle descubrió varios bloques de basalto grabados en un caboco llamado Belmaco, poco podría pensar que acaba de sacar a la luz la punta de un iceberg que sólo dos siglos después iba a contar con más de 200 testimonios repartidos por toda la Isla. Situada en el término municipal de Mazo, esta abertura natural de 35 metros de largo y10 metros de altura no es, ni mucho menos, la estación rupestre más importante de La Palma pero sí la más famosa, un espacio mágico donde palmeros y visitantes pueden encontrarse cara a cara con los antiguos pobladores de la Benahore del pasado. Dos centenares de estaciones rupestres repartidas por toda la geografía insular confirman el gusto de los antiguos palmeros por hablar a través de las piedras con el más allá | | | Panel de petroglifos en Belmaco. GUSTAVO MARTÍN |
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Identificada tradicionalmente como la residencia de la elite política y social del bando aborigen de Tigalate, el caboco de Belmaco (saltos en el cauce de los barrancos) despertó desde su descubrimiento la atención de los estudiosos de nuestro pasado. La clave, cuatro paneles pétreos donde los antiguos palmeros grabaron extraños signos que han perdurado a lo largo de los siglos. Espirales, círculos concéntricos, medios círculos y curvas sinuosas que recuerdan a ríos de recorridos imposibles conforman un repertorio de signos que han dado pie a múltiples interpretaciones. Sabin Berthelot, antropólogo del siglo XIX, aseguraba que los signos de Belmaco respondían a “un sistema de escritura jeroglífica compuesto de signos que sabían grabar en la piedra por los mismos medios y que estos caracteres gráficos debían ser para fijar las fechas u otros recuerdos”.
 | | | Imagen general del yacimiento. ARCHIVO |
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Los tiempos cambian y la ciencia evoluciona. Para Belmaco, los nuevos tiempos también trajeron nuevas teorías y los paneles fueron “una ornamentación ingenua que no tienen ninguna relación con escritura conocida” (Verneau, 1882) a símbolos de “clara significación mágico-religiosa” (Diego Cuscoy, 1955). Desde entonces, las tesis del Doctor Cuscoy han sido las que más han convencido a los arqueólogos y antropólogos que se han acercado a la residencia de los nobles de Tigalate. Dicen los entendidos que los grabados, realizados con la técnica de picado y posterior abrasión para uniformizar los trazos, no son más que peticiones de los antiguos palmeros en demanda de agua y que por ello se localizan, la gran mayoría, en lugares de importancia pastoril o en las proximidades de fuentes y caudales hídricos o en los caminos que llevan hacia los puntos de aprovisionamiento de agua.
Serían pues, ruegos de agua en la isla con mayores recursos hídricos de todo el Archipiélago canario. En Belmaco, estos gritos de auxilio se concentran en cuatro pequeños paneles que, muy probablemente se encuentran desplazados de sus lugares de origen. La ubicación original se desconoce aunque hay quien las ubica en el interior de la cavidad en posición vertical a modo de estelas. Los motivos son los que se repiten a lo largo y ancho de la geografía palmera y la línea curva es la protagonista absoluta de un yacimiento que, desde 1999 se encuentra habilitado como parque arqueológico. Espirales y líneas de tendencia meandriformes decoran los cuatro pequeños paneles que han dado fama a este yacimiento de la villa de Mazo.
 | | | Los paneles han sido desplazados. GUSTAVO MARTÍN |
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Pero hay mucho más que grabados rupestres. Intensas campañas de excavación durante los últimos 50 años han hecho de Belmaco uno de los principales objetos de estudio de la prehistoria canaria. Este caboco palmero fue el primer yacimiento con estatigrafía fiable del Archipiélago y una útil herramienta para desentrañar gran parte de los secretos de la antigua Benahoare. Gracias a los trabajos de investigación realizados en Belmaco se han podido determinar cuatro tipos cerámicos que corresponden, cada uno, a una etapa de la prehistoria palmera que, según los datos recogidos, se remonta a la segunda mitad del primer milenio antes de cristo. Los restos, sometidos a modernos métodos de datación han determinado que La Palma ya estaba habitada en el siglo VI antes de Cristo, fecha en la que los expertos datan la primera arribada a la isla.
Y la historia sigue. Según se desprende de la cerámica hallada en Belmaco, los tipos y técnicas evolucionan hasta que a mediados del pasado milenio (en torno a los siglos VI y VII después de Cristo) se produce toda una revolución cerámica que apunta a una segunda oleada de población que alcanza la Isla y asimila a la primitiva sociedad benahorita. Todos los indicios apuntan al origen norteafricano (tribus bereberes) de los dos grupos humanos que poblaron ésta y el resto de islas del Archipiélago.
 | | | Detalle de los grabados. GUSTAVO MARTÍN |
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Un lugar privilegiado
La tradición asegura que Belmaco fue la residencia de la elite política del antiguo bando aborigen de Tigalate, un extremo que podría confirmarse dado el importante enclave en el que se localiza este importante yacimiento. Las fuentes etnohistóricas confirman la presencia pretérita de fuentes de agua y el lugar, protegido de los vientos dominantes y en zonas de abundantes pastos es una de las mejores cuevas naturales de la isla de La Palma. De lo que no cabe duda es que el caboco de Belmaco era un importante centro para los antiguos habitantes de la Isla de La Palma. En los alrededores del yacimiento se han encontrado otras cuevas de habitación y abundante material (incluida otra estación rupestre a menos de 500 metros) que atestiguan la importancia de Belmaco. Según indica Mauro Hernández (‘La Cueva de Belmaco’) en torno a la cueva pudo concentrarse una población superior al medio centenar de personas.
Cueva de Belmaco
Localización: Carretera del Hoyo (Mazo-Fuencaliente) LP-132 Km, 7
Horario: De Lunes a Sábados de 10 a 18 horas. Domingo de 10 a 15 horas
Precios: General 2 euros; Residentes canarios 1,5 euros; Niños 0,75 Euros
Tel: 922 440 090
e-mail: museobelmaco@terra.es