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La morada del Alma de Tacande
Una casa abandonada del municipio de Los Llanos fue el escenario del primer fenómeno polstergueist documentado en España
Los archivos del Obispado de la Diócesis de Canarias guardan los documentos de un hecho que conmocionó a la sociedad palmera del siglo XVII. En el pago palmero de Tacande, en una casa que aún hoy puede visitarse, se produjeron unos hechos que aún no tienen explicación lógica. Durante 87 días, extraños ruidos, voces y lamentos pusieron en vilo a los habitantes de Tacande. La iglesia investigó el hecho y las autoridades de la isla, cuatro siglos después, han solicitado los papeles del primer expediente X español.
Casa en la que se produjeron los hechos. ARCHIVO
El imaginario popular atesora mitos y leyendas que conforman una parte importante de la cultura de un pueblo. En cualquier rincón del mundo pueden oírse historias de fantasmas y espíritus y es rara la ciudad o pueblo que no cuente con una casa encantada o un lugar donde ocurren cosas que, a juicio de los lugareños, no tienen una explicación posible fuera del campo de lo paranormal. En Canarias, este tipo de fenómenos también se han producido en un grado que no debe ser muy distinto al de otros puntos del globo. Pero la cosa cambia cuando oímos hablar de manifestaciones documentadas que mantuvieron en vilo a toda una isla. Sucedió en 1628 y al fenómeno, que pasó a la historia de La Palma como el ‘Alma de Tacande’, se le ha considerado como el primer expediente X de la historia de España. Hace pocas fechas, el Ayuntamiento del municipio de El Paso acordó solicitar al Obispado de la Diócesis Canariensis (sito en Las Palmas de Gran Canaria) toda la documentación recogida por el párroco de Nuestra Señora de Los Remedios en Los Llanos de Aridane en aquellos días del siglo XVII. La casa, en estado de ruina, aún aguanta en pie el paso de los siglos. Muy pocos de los que pasan junto a sus muros o, incluso, se aventuran en su interior, saben que entre esas cuatro paredes moró el ‘Alma de Tacande’.
Inmediaciones de la casa. ARCHIVO

Pero vayamos por partes. La historia se remonta al 30 de enero de 1628. Ese día, los moradores de esta sencilla casa rural canaria empezaron a vivir una pesadilla que se iba a prolongar durante 87 días. El maremagno de manifestaciones paranormales se inició de manera leve. Dicen las décimas (canciones populares) que las primeras cosas extrañas se produjeron en torno a la cuna de un niño. Según parece, la cuna empezó a moverse sola y se escuchaba el llanto de un bebé inexistente. En las noches sucesivas se repitieron los mismos sonidos hasta que la cosa pasó a mayores. Según un romance popular "otras noches se escuchaban tamborcitos, panderos y castañuelas y cantaban voces de decenas de mujeres invisibles”.

 

Los habitantes de la casa no sabían muy bien lo que hacer, y las manifestaciones continuaron hasta el 26 de abril, una fecha que, tal como reza la tradición, “el alma descargó hablando” y pidió que subiera hasta el lugar el párroco de Nuestra Señora de Los Remedios de Los Llanos de Aridane, que también ejercía como confesor de aquellos pagos alejados. Hasta allí subió Juan Montiel, titular de la iglesia Llanera, prevenido por boca del mismo espíritu “que no temiera nada que era alma cristiana” la que le llamaba para calmar sus penas de espíritu. En aquellas horas se forjó la leyenda del ‘Alma de Tacande’. El párroco consignó todo lo acontecido en un informe que se remitió a las autoridades episcopales en la capital grancanaria, aunque todo lo que nos ha llegado casi cuatro siglos después es parte de la tradición oral de la isla de La Palma.

 

Según recoge María Victoria Hernández, cronista oficial de Los Llanos, el fraile cogió una estola, se puso un relicario y se trasladó a caballo hasta el lugar. Llegaron a Tacande entre la una y la dos de la tarde. El alma recibió al fraile diciéndole “seya muy bien venido”, continuó pidiéndole perdón por darle tanto trabajo y agradeciéndole con un “Dios Nuestro Señor se lo pagará”. Lo mandó a descansar y merendar, a lo que él se negó. Entonces el alma le dijo “ya se acerca la hora, trate V. Rª. de echar asperges y decir Salmos, para ahuyentar el malo, que quiero declarar quién soy”. El fraile así lo hizo y le preguntó al Alma: “Hija mía ¿apartose ya el espíritu malo?”, respondiendo el alma “ya se apartó de mi”, a lo que contestó el fraile “pues ya podreís decirnos quien sois y que es lo que queréis” y el Alma dijo: “Soy Ana González”. Descubriéndose en ese momento que era familia de los moradores de aquella casa. Había muerto de parto, dejando a un recién nacido al que le pusieron el nombre de Salvador, ella pidió que lo trajeran y le dijo en voz alta: “Hijo pedazo de mi corazón, chiquito y por criar”. Le suplicaron calmarse y “al punto, sosegó su llanto”.

 

Continuó el alma hablando y pidiendo poder conversar con su sobrina Juana Gutiérrez a quien dijo que recordara cuando  “te pregunté si estabas preñada, como decían, y me respondiste que no estaba tal, que era testimonio que te levantaban. Yo no le di crédito y tuve para mi que estabas preñada, y lo dije”. Continuó diciendo que lo había confesado y se le mandó “pidiese perdón delante de las personas a quien yo lo había dicho, y no lo pedí. Mándame Dios Nuestro Señor te pida perdón: Perdóname Juana Gutiérrez por el amor de Dios” repitiendo esta frase por tres veces y Juana Gutiérrez la perdonó. Después de esto, Ana González, pidió al fraile que tomara pluma y escribiera, que debía tres romerías: Una a la “Bienaventurada Santa Lucía, por mi hija María, que nació con un grano en un ojo”. Una segunda por su hijo Luis, “al Bienaventurado San Blas”, que había estado enfermo de una “esquencia” (amígdalas). Y por último otra romería al “Bienaventurado San Amaro por mi hijo Juan que cayó de una pared y se desconcertó”, pidiendo las cumplieran y además mandó que dieran medio real de aceite a la Virgen de las Angustias, aclarado que lo había prometido. Por último pidió el alma que le dieran “medio tostón a la mujer de Domingo Francisco”, por unas tijeras nuevas que le había prestado, se las perdió, se las había pedido y nunca se las pagó. Terminado esto el alma dijo que no tenía nada más que decir, el fraile le preguntó donde iba y ella le respondió que al Purgatorio (fuente: www.turismolapalma.com)

Volcán de Tacande. ARCHIVO

 

Ana González no se fue sin una última demostración de su presencia. Según termina el romance, el ‘Alma de Tacande’, al ir camino de su ‘descanso final’ desprendió una gran piedra de la ladera contigua a la casa que derribó la puerta con gran estruendo provocando la alarma entre todos los que asistieron a este insólito hecho. Sería la última manifestación del supuesto espíritu. Hasta el día de hoy, los sucesos que acaecieron en esa casa de los montes palmeros no han encontrado una explicación lógica y se espera que los documentos que atesora la Iglesia arrojen algo de luz a este misterio.

Hoy, después de cuatro siglos, las ruinas de la casa de Ana González siguen invitando a los curiosos a adentrarse en una de las leyendas más estremecedoras de la Isla de La Palma y no faltan voces que piden la restauración de un inmueble que, por derecho propio, debe ocupar un lugar de privilegio en la historia del Archipiélago canario.
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