Arte flamenco en la isla de La PalmaLas iglesias de la Isla bonita guardan un rico patrimonio artístico que llegó con los dividendos del comercio azucareroLa Palma se incorporó desde su incorporación a la Corona de Castilla a las rutas del comercio internacional. La Isla bonita se especializó pronto en la producción de azúcar y vino muy apreciados en los mercados del Norte de Europa. Fruto de estas relaciones comerciales llegaron a tierras palmeras multitud de obras de arte procedentes de los más afamados talleres de Flandes. Tallas de los grandes maestros pasaron a adornar capillas, iglesias y las casas de la incipiente burguesía isleña. Aún hoy, La Palma atesora un buen puñado de tallas y cuadros flamencos que conforman uno de los conjuntos patrimoniales más interesantes de Canarias. | | | Retablo atribuido a Pieter Pourbus el Viejo, de la escuela de Brujas. ARCHIVO |
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Después de la conquista de la Isla de La Palma, en las postrimerías del siglo XVI, la isla se incorporó de pleno a las corrientes económicas del continente europeo. A diferencia de la mayor parte del territorio peninsular, la agricultura insular se dedicó, en su mayor parte, a la exportación, creando un flujo de mercancías y capitales que conectó al puerto de Santa Cruz de La Palma con los principales mercados del norte de Europa. Canarias vivió en estos años su primera edad de oro; mientras Castilla producía productos de autoconsumo, Canarias se dedicó a exportar sus productos creando el primer núcleo de actividad librecambista de la historia moderna de España. El azúcar fue el primer producto estrella y tras él llegó el vino. Esta actividad económica atrajo hasta las islas a mercaderes y banqueros del norte europeo, importando modas, cánones artísticos y bienes de consumo y de lujo. La Palma fue uno de estos centros privilegiados de intercambio económico. Obras de arte de los puertos de la ‘Hansa’ (liga de ciudades del Norte de Europa) llegaron a la isla para satisfacer las demandas de una potente burguesía local que necesitaba decorar sus capillas privadas y dotar de contenido a sus donaciones eclesiásticas.
 | | | Santa Catalina. ARCHIVO |
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Entre los siglos XVI y XVII llegaron a la isla gran cantidad de obras de arte que han convertido a la Isla bonita en uno de los centros de arte flamenco más importantes de España. Gran parte de este rico patrimonio aún se conserva pese a incendios, robos, descuidos y saqueos de los piratas.
Según destaca José Guillermo Rodríguez Escudero, “numerosas familias procedentes de las antiguas provincias de los Países Bajos, atraídas por el creciente comercio del azúcar, se instalaron en la Isla e importaron obras artísticas para sus oratorios privados y para las primeras capillas e iglesias que se iban construyendo. Comerciantes flamencos como los Van Dalle, presididos por Pablo con sus hijos Pedro y Jerónimo, potenciaron los ingenios azucareros de Argual y Tazacorte. También los Monteverde -castellanización del apellido original Groenenberghe-, capitaneados por Jacob. Su nombre en las islas siempre se conoció como Jácome de Monteverde. Muchos otros llegaron y, de esta manera, también arribó a nuestras costas este valioso catálogo de esculturas y pinturas flamencas, muchas de ellas presentes en esta muestra”.
El resultado de este trasiego es un legado impresionante de obras de arte de finales del gótico flamenco y del renacimiento con obras de autores de la talla de Van Dyck que llegaron a la Isla procedente de los más afamados talleres de Bruselas, Amberes, Brujas o Gante, entre otros. En todos los casos, las tallas importadas desde tierras flamencas siguen los esquemas típicos de la llamada ‘Escuela de París’. Destacan su composición curva y lo que los entendidos llaman contraposto, esto es, la descarga del peso del cuerpo sobre una de las piernas, en este caso, la izquierda. Otras características clave de estas tallas son la estilización de las caras con leves sonrisas y la naturalidad de los pliegues de la ropa. Dominan, por su número, las vírgenes, pero también pueden encontrarse algunos cristos y santos.
Un ejemplo claro es la extraordinaria pieza de Nuestra Señora de La Encarnación, que se encuentra en la parroquia homónima de Santa Cruz de La Palma. Se trata de una escultura en madera policromada y dorada de 105 centímetros de alto, procedente de Amberes a fines del siglo XV, renovada y estofada por el prestigioso artista Bernardo Manuel de Silva (1655-1721). Concepción y Santos también hicieron mención a este magnífico “maestro del arte de pintor y escultor”, como él mismo se autodenominó en 1694.
 | | | Santa Cena de Fracken, Amberes. ARCHIVO |
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Para comenzar con otras obras que conviene visitar en un hipotético periplo por las mejores muestras del arte flamenco palmero hablaremos de la talla de Santa Lucía, en la ermita del mismo nombre del municipio de Puntallana. Es una magnífica talla flamenca que sigue fielmente los esquemas estéticos del gótico epigonal del norte de Europa. Ya en Santa Cruz de La Palma destacamos la Santa Catalina de Alejandría de la ermita de San Sebastián o la Santa Teresa de Jesús que se expone en la actualidad en la ermita de Nuestra Señora del Carmen de la capital palmera. Repartidas por otros edificios religiosos y domicilios de la isla se reparten un buen puñado de obras de arte entre las que destacan algunas pinturas atribuidas a grandes maestros de la zona.
Este trasiego comercial con las provincias del Flandes español cesó con la rebelión de los holandeses durante el siglo XVII. Fue el primer gran golpe a la economía de Canarias, que desde entonces ha demostrado una excesiva dependencia de estabilidad internacional para garantizar su tranquilidad.
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