Un día en la capital de AnagaTaganana ofrece una naturaleza exuberante y uno de los mejores núcleos urbanos tradicionales de TenerifeLos montes reverdecen a espaldas de Santa Cruz de Tenerife escondiendo sus secretos. A pocos kilómetros de la ciudad, un mundo de naturaleza y tradición se descubre al visitante que se atreve a serpentear al ritmo que marcan carreteras sinuosas de curvas imposibles y paredes que van desde el mar hasta el cielo. Taganana, encajada en uno de los numerosos valles que atesora el parque rural de Anaga, es la capital de este reino de verdes de cumbre y roquedos de mar. Este pueblecito recoleto se ha convertido en la parada obligada de los que se adentran en los encantos de este pedacito mágico de Tenerife | | | Nave central de Nuestra Señora de las Nieves, en Taganana. JL MARRERO |
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El túnel que separa las vertientes norte y sur de Anaga suele darnos el mejor ejemplo posible de este clima extraño que ha configurado el paisaje de Canarias. Cuando uno entra por su cara sur no es extraño hacerlo bajo un sol radiante y ‘picón’. Pero cuando el coche vuelve a ver la luz del día, las más de las veces, la niebla se adueña del paisaje y el gris plomizo se adueña del cielo azul sólo unos cientos de metros más atrás. Esta alfombra de nubes frescas y húmedas son la causa misma de Anaga. La Laurisilva, bosque relicto que hasta el terciario ocupó toda la cuenca mediterránea mama insistentemente de las nubes que lamen las laderas.
 | | | Calle de Taganana. JL MARRERO |
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Abajo, entre terrazas de cultivo y viñas, se encuentra el pequeño pueblo de Taganana, considerado como la capital de Anaga. Aunque ya no goza de la prosperidad de antaño, cuando se forjaran verdaderas fortunas al socaire del comercio de vinos con Europa y América, Taganana aún guarda rincones y parajes que recuerdan aquellos tiempos en los que galeones de todas las naciones europeas echaban el ancla frente a sus costas para llevar los más finos caldos de Canarias a las mesas más refinadas del viejo y nuevo continente. De aquella época gloriosa quedan muchos vestigios. Los más visibles se desparraman por las laderas en forma de viñedos atormentados que se doblan en terrazas que suben hasta los lindes de la Laurisilva. Otros, ocultos, también nos habla de la enorme riqueza de un pueblo que vivió por y para la exportación de vinos. Quizás el más famoso esté en la iglesia de Nuestra Señora de Las Nieves. Esta iglesia suntuosa para un pueblecito de apenas un centenar de casas guarda como un tesoro un retablo flamenco. Se trata del tríptico de la Adoración de los Reyes, una tabla del siglo XVI que llegó al pueblo de la mano de ricos mercaderes e intrépidos navegantes.
 | | | Playa de Taganana. JL MARRERO |
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Taganana se disfruta paseando tranquilo por sus calles estrechas y empedradas. Estamos ante uno de los mejores lugares de Tenerife para contemplar sin muchas interferencias molestas ejemplos magníficos de arquitectura popular canaria. Casas blancas de carpintería verde y tejados a cuatro aguas conforman la fisionomía de un pueblo que no ha cometido el error de deshacerse de su patrimonio cultural y arquitectónico. Balcones, portadas sencillas de cantería de color rojo frondosos jardines son la tónica general de un pueblo en el que merece la pena pasar una tarde tranquila.
Tiene también Taganana su lado ‘más natural’. Hacia arriba reverdecen las cumbres de la Cordillera de Anaga (ver artículo). La Laurisilva es el protagonista vegetal de un espacio natural de gran belleza plástica y gran importancia ecológica. Una buena forma de acercarse a Taganana es a través del camino de Las Vueltas. Un camino sinuoso abovedado por verde del bosque y sustentado por miles de finas columnas cubiertas de musgo nos baja desde la cumbre a la costa por parajes de ensueño donde el bosque húmedo es el verdadero protagonista. Si lo que quieres es ir hacia abajo, Taganana ofrece algunas playas dignas de ver aunque sus corrientes las hagan más aconsejables para los amantes del surf que para bañistas inexpertos. Quizás el punto de máximo interés sea la Playa y Roque de Las Bodegas, un lugar de resonancias históricas donde se cargaba el vino de la comarca. Hacia el Este, siguiendo la carretera TF-134, se encuentra el pequeño caserío de Benijo. En este lugar también hay una pequeña playa de arenas negras y mar bravo desde la que se puede disfrutar de unas magníficas vistas sobre los Roques de Anaga.
Visitas obligadas
Iglesia de Nuestra Señora de Las Nieves.- Su fábrica, del siglo XVI es una de las más antiguas de la isla de Tenerife. Se trata de la típica iglesia rural canaria con tres naves separadas por arcos de medio punto y artesonado de madera de raigambre mudejar. Destacan su sencilla portada de cantería roja y el tríptico de la Adoración de los Reyes, una tabla flamenca del siglo XVI que está considerada como una de las joyas artísticas más notables del patrimonio canario y demuestra la importancia económica que alcanzó el pueblo gracias a la exportación de vinos. También destacan varias tallas policromadas.
 | | | Portada de Santa Catalina. JL MARRERO |
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Ermita de Santa Catalina.- Esta sencilla ermita es, también, una de las construcciones más antiguas de la isla. De una sola nave y techumbre lígnea, la ermita de Santa Catalina destaca por su portada de medio punto de sabor renacentista y su espadaña. En la actualidad sirve como espacio cultural.
Playa y Roque de Las Bodegas.- Es la playa de Taganana por antonomasia. Se trata, como otras de la comarca, una playa de arena negra algo más abrigada que sus vecinas pero con fuertes corrientes que aconsejan un baño prudente. Esta zona, además, cuenta con el atractivo del Roque de las Bodegas, un embarcadero natural practicado en un roquedo que avanza hacia el mar que guardaba, en sus cuevas, los afamados vinos que Taganana exportaba a toda Europa durante la edad de oro del vino canario (siglos XVI y XVII). Otro de los atractivos de este enclave costero son los numerosos restaurantes donde pueden degustarse pescados frescos de la zona. Acceso por la TF 134
Playa de Benijo.- Es, quizás, la más salvaje de las playas de la costa norte de Anaga. Se trata de una playa de tamaño medio de arena negra que cuenta con el aliciente de estar custodiada por los afamados Roques de Anaga. Su acceso no es difícil aunque no es recomendable el baño porque cuenta con fuertes corrientes. Acceso por TF 134