Un prusiano en TenerifeLa visita de Alexander Von HumboldtLa ilustración elevó a la ciencia a categoría de religión. Al albor de los nuevos tiempos y el ansia de conocimientos, una legión de naturalistas recorrió el planeta en busca de nuevas especies vegetales y animales con el fin de completar el catálogo de conocimientos humanos. Desde el principio, Canarias se convirtió en objetivo prioritario de los científicos. En 1799, un joven prusiano llamado Alexander Von Humboldt hizo escala en Tenerife durante su viaje alrededor del mundo. | | | Grabado de Von Humboldt en su gabinete. ARCHIVO |
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El naturalista prusiano inició su visita a Canarias con un guiño a la aventura. A finales del siglo XVIII, la azarosa política internacional europea había puesto, por enésima vez, a Inglaterra frente a los intereses de España. Una flotilla inglesa merodeaba las aguas canarias impidiendo el normal desarrollo de las conexiones marítimas interinsulares y con el resto del mundo. A bordo de la corbeta española Pizarro, Von Humboldt fue testigo de una hábil maniobra de evasión urdida por el capitán de la nave y, finalmente, el científico germano arribó a Santa Cruz de Tenerife el 19 de junio de 1799. “Desde la época de los griegos y los romanos Tenerife es célebre por su aspecto. Y en nuestros días, casi todos los viajeros alrededor del mundo la evocan en su ruta hacia el cabo de Buena Esperanza”, dijo el propio naturalista en sus diarios.
 | | | Retrato de juventud del naturalista. ARCHIVO |
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Humboldt es uno de los nombres propios de las ciencias naturales de finales del XVIII y principios del XIX. Viajero incansable recorrió el mundo en busca de nuevas plantas y animales en un afán recolector y estudioso que lo auparon a mito de la incipiente ciencia. En Canarias no desaprovechó el tiempo y se cuenta que sólo algunas horas después de desembarcar en Tenerife ya se le podía ver por los alrededores de la capital tinerfeña recogiendo muestras para su herbario. Quedaban por delante apenas unos días de intensa relación con una isla de la que quedó enamorado: “Me voy casi con lágrimas en los ojos. Quisiera venir a vivir aquí”, escribió a su hermano antes de embarcar en Santa Cruz a la hora de partir.
Pero, sin duda alguna, uno de los hitos culminantes de la estancia del germano en Tenerife fue la expedición que organizó para subir el pico del Teide “primer volcán activo que tengo el placer de visitar”, tal como él mismo relató. “Un solo camino conduce al volcán. Es el que siguieron el padre Feuillée, Borda, M. Labillardière, Barrow y todos los viajeros que no han podido permanecer mucho tiempo en Tenerife. La excursión al Pico es como las que se hacen corrientemente en el valle de Chamouni y en la cima del Etna, donde es forzoso seguir a los guías; por todas partes no se ve sino lo que ya han visto los demás viajeros”. Con estos ánimos emprende la marcha Von Humboldt, quien pese a recorrer pasos ya andados con anterioridad no deja de sorprenderse por todo lo que ve ya que su ascensión tiene un objetivo hasta entonces sin cumplir: “En ninguno de esos relatos (antiguos) he visto nunca la descripción de la naturaleza, la forma de las montañas, el crecimiento de las plantas, es decir, todo lo que sirve para caracterizar la isla”.
 | | | Cima del Teide. ARCHIVO |
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Y a fe que así lo hizo, pues fue uno de los primeros en advertir la presencia de una extraña violeta “parecida a la Viola decumbens, se encuentra en la ladera del volcán hasta la altura de 1740 toesas; ella supera no sólo a las otras plantas herbáceas, sino incluso a las gramíneas, que en los Alpes y en la cara trasera de las cordilleras está en contacto directo con la vegetación de la familia de las criptógamas”. La ahora famosa Violeta del Teide, especie endémica del pico, llamó entonces la atención del naturalista prusiano, que también habla de la Cueva del Hielo, o de lo sobrecogedor de la salida del sol vista desde el cráter del volcán. “Describiría la cima del pico del Teide en el momento en que una capa horizontal de nubes, de blancura radiante, separa el cono de cenizas del llano inferior, y que de pronto, por el efecto de una corriente ascendente, desde el borde mismo del cráter, la mirada puede sumergirse en la viñas de La Orotava, los jardines de naranjos y los densos grupos de plataneras del litoral. [...] Todo aquello que los sentidos no captan apenas, lo que los paisajes románticos presentan de más inquietante, puede convertirse en una fuente de placer para el hombre; su imaginación encuentra en ello la posibilidad de ejercer libremente su poder creador”, finalizaría su relato.
Humboldt abandonó Tenerife seis días después de su llegada camino de las costas de Sudamérica. Aunque quedó prendado de las bellezas de la isla, nunca más volvería a la isla en la que, según su ayudante Bonpland, pasó “los días más hermosos de su vida”.