La imagen de la isla de Fuerteventura ha cambiado en los últimos cinco siglos. Cuando los conquistadores normandos llegaron en 1402 se encontraron un territorio que, aunque sufría los rigores de un clima poco generoso en agua, atesoraba bosquecillos de palmeras que animaban el fondo de los barrancos. La Vega del Río Palmas era el único cauce de agua permanente de la Maxorata (nombre aborigen de la isla) y pese a que hoy sólo corre después de los escasos días de lluvia que mojan la tierra reseca majorera, los palmerales que sobreviven en sus márgenes nos hablan de un pasado en el que Fuerteventura contaba con bosques.
Dunas saharianas al norte de Fuerteventura El parque natural de Corralejo permite tener una experiencia de desierto a pocos kilómetros de un centro turístico de primer orden
Arenas blancas hasta donde llega la vista. El viento es el responsable de uno de los paisajes más espectaculares de la isla de Fuerteventura. Allá, en el extremo oriental del municipio de La Oliva, ha creado un paisaje de dunas que recuerda a los perfiles del cercano Desierto del Sáhara. Las Dunas de Corralejo son un parque natural sorprendente y una buena oportunidad para conocer los secretos de los ecosistemas dunares de Canarias, paisajes escasos pero espectaculares que tienen como máximos representantes al norte de Fuerteventura y al Sur de la vecina isla de Gran Canaria. Un paseo por las Dunas de Corralejo aúna recorrido ecológico y la posibilidad de bañarse en playas desiertas de aguas transparentes.
Después de su desaparición de las islas de Gran Canaria y Tenerife, el guirre se ha refugiado en la isla de Fuerteventura y a punto está de decirle adiós a Lanzarote. El alimoche canario, un ave mítica para los aborígenes de las islas, vive arrinconado por el desarrollo urbano y el abandono de las actividades ganaderas. Aunque la situación es complicada, aún hay esperanzas para que esta gran ave carroñera vuelva a reinar sobre los las nubes de todo el Archipiélago.